La profesora de Lengua, Isabel Pascual, ha compartido una reflexión acerca de la enseñanza, conmoviendo con sus palabras, como colofón final a este curso tan intenso y diferente. Dicho texto ha sido publicado en los periódicos El Heraldo de Aragón, El Debate, El Periódico de Aragón y el Comarcal de Jiloca.

Texto por Isabel Pascual

GRACIAS A MIS MAESTROS
Emocionar con la palabra, emocionar con la mirada, transportar al otro a tu mundo y, cuando
lo tienes en tus manos y a tus pies, arrastrarlo y enamorarlo. No existe satisfacción más
profunda ni más íntima que ver cómo el otro se refleja en tus pupilas demandando más de ti.
Quizás la enseñanza sea eso, conmover, vencer al alumno en la contienda diaria de la clase y
conquistarlo mientras las palabras se deslizan y se precipitan como fina lluvia hasta caer en un
pozo muy hondo pero lleno de luz, el de su pensamiento. Y el hechizo surge sin pretenderlo.
Todos recordamos a algún maestro o profesor que, cual brujo, nos embelesó con sus artificios
y aún hoy seguimos admirándolo por ello, no lo olvidamos. A ese altar elevo a mi querida
profesora de griego doña Esperanza Ducay, si se me disculpa el apunte personal. La evoco
como un ejemplo de entusiasmo y de sabiduría, un modelo de educadora que transmitía con
desbordante pasión y sabía prender en sus alumnos la chispa del deseo de aprender.
Vienen a mi mente aquellas sentidas palabras que pronunció Federico en la inauguración de la
primera biblioteca pública de su pueblo, Fuente Vaqueros: bien está que todos los hombres
coman, pero que todos los hombres sepan. Yo añado: qué transcendental cruzarme en el
camino con personas que delicadamente me enseñaron las primeras letras de mi niñez, que un
día otoñal, dejando a un lado sus propios pesares, tomaron mi manita entre las suyas, me
dieron su calor y ya no me soltaron nunca… Así fue, con su generosa dedicación y su
anonimato más absoluto, como la vida se abrió ante mí.
Gracias infinitas.